“Tempestad” por Alan Valle Monagas

Versos que vienen entre
Estar despierto y el sueño.
Un enamorado con la cría
De sus abuelos.
Uno de ellos,
Amaba y abandonaba
Sus amores.
Elena estuvo entre ellas.
Tuvo más de once hijos
Por Nueva York y Puerto Rico.
Después se desapareció,
Nunca lo he conocido.

Mi otro abuelo le rompió el corazón
A su esposa, mi progenitora,
A su hijo, mi padre,
Al ver a su padre
Ser le infiel a la madre
El día de su cumpleaños,
Con la condenada Americana
Rubia, con ojos azules.

Su nieto ingrato,
Sigue en sus pasos.
Relacionándose,
Con una Americana,
Peli roja de ojos azules.

Llegue temprano a la barra,
La alarma me levanta a las una.
Al subir los escalones
Fui recibido;
Por su solemne sonrisa.
Y ella se fue temprano,
Bajo los escalones
Antes de oírme declamar,
Mis poemas de rabia y amor.
Siempre hay otra persona
En sus vidas,
Y aun nos enamoramos.

Anoche llego el día,
En el cual los solitarios,
Deciden reunirse con sus ex
Parejas. La vida es tan corta,
Nos invertimos en una sola persona,
Sin saber el sentimiento
Ni el conocimiento que perdemos.
Cada cual más complejo,
Que el mismo mundo
Que le dio el fuego.

Nuestra belleza anciana del cielo,
Es inversamente proporcional,
A nuestra maldad, como especie humana.

Como raza, te amaría tan fielmente,
Siendo directamente proporcional,
A como me rehúsa el colonialismo militar,
Derrocaría a todas las instituciones,
En golpes de estados y revoluciones,
Todo por complacerte a ti.
Veras, esto se mide en acciones.

En la playa están los pulmones,
Apoderados de ese aire de sal cargado,
Vivimos por la gracia del sol.

En el restaurant nos convertimos,
En compañeros, en una cena Christica,
En la luna llena, vemos vuestro reflejo.

Entonces se desprecia,
Solo miran al alto, fuerte, al blanco,
Desprecian y te niegan
Por la tez de tu piel, negro malvado.

Pero el espíritu libre de Ariel,
Contemplativo, imaginativo
Se encarna en este ser, además
Hay una cosa que este cuerpo de negro
Me ha dado para llenar a tu ser,
Pero gracias a la iglesia católica
Y la derogación de lo indígena,
Se ha desmitificado
El ahogado más bello del mundo.

Y hasta que llegue la hora,
Donde amare a una sola mujer,
No puedo creer en,
Un concepto tan triste como lo es,
El ‘amor’ de dos, cuatro o dieciséis,
¿Sera una consagración venerable?
El amor de dos cientos y cincuenta seis –
Minutos, con existencia del equilibro…
Entre lo ilusorio y el respeto,
Eso te lo profeso y esto te lo juro.

Por esta razón respondí,
“No amo a ninguna,”
En el día de San Valentín
“Las amo a todas.”
Mi profesora respondió,
“Pues este no conoce el amor muy bien.”

Alan Valle Monagas

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