La tertulia y los “hipsters”

Fotografías de Ricardo Pérez

Brincábamos cuando caían los cambios, frotamos cuerpos dándole un escape a nuestro libido, aprobamos las ondas místicas con nuestros ojos cerrados. Aceptábamos el amor, inclinando y subiendo nuestras cabezas, con gestos rítmicos. Estábamos en un trance, rompiendo con los tabúes en un escape de la vida monótona. Mientras más cercanos a la tarima, más incontrolables éramos. Inspirando las risas y bailes en los lejanos. Esto es música, esto es vida.

Cuatro bandas, cuatro metáforas, cuatro seres, cuatro energías. Cuatro dólares, hoy en día, humildes y honestos, lo deberíamos llamar un donativo, en vez de “la entrada”, porque la música funciona como una clínica libre, no se le niega el tratamiento a nadie.

Llegan y provienen de todos los lados de nuestra isla, sangre de San German, Cabo Rojo, Aguadilla, Bayamón, hasta de Rio Piedras. Otros se quedaron desde Ponce. Otros lo mencionaran. Lo llamamos “La Escena” acá en Mayagüez, en donde le damos la vida a una nueva cultura sincrética Puertorriqueña.

En estas fiestas, las mentes artísticas encuentra la paz. En una expresión total de la libertad. Por medio de bailes arcaicos parecidos a algo indígena. Nuestro ritual, una tarima de luces, amplificadores, humo y una unión total de individuos bajo la mente suprema de la música.

Una éxtasis tan natural, que me hace pensar, que nuestra atracción por estas fiestas es parte de un mecanismo biológico, heredado en la genética de nuestros ancestros tribales. Como en los tiempos prehistóricos, cuando las fiestas eran rituales, marchábamos en círculos alrededor de fogatas con inciensos y redoblando tambores.

Individuales. Somos individuales y le asignamos sentido a todo desde nuestro punto de partida. Las personalidades únicas de nuestros artistas son una reflexión de todo su público. Algunos artistas viven en tangentes experimentales, sonando a la escena underground de Nueva York (a lo Experimental Jet Set).

Otros integran influencias indígenas en su música, con congos, maracas y gandules. Otros actos contienen raíces de la escena primordial de punk en el noreste, o “La Escena” así como lo postula el documental.

Soy fiel creyente que el “punk” no se trata sobre un género específico, si no que el punk es una actitud adoptada por los músicos, artistas y personas que conocen una verdad esencial; si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo. Es una filosofía de vida, que a mi entender muchos músicos modernos seguimos, sin ser conscientes de ella.

No dependemos en la pre-aprobación de grandes corporaciones para grabar y promocionar nuestra música. No dependemos de unos supuestos profesionales para manejarnos. Creamos nuestra propia mercancía, componemos nuestra propia música, promocionamos nuestros propios eventos por redes sociales y en persona bajo flyers.

Somos individuales, pero me gustaría pensar que existe un elemento de cohesión social que nos une a todos.

“Somos pensadores independientes, somos contra-culturales, somos progresivos, connoisseurs, inteligentes y creativos.”

Tengo la pre-concepción que la mayoría de las personas encontradas allí en la Tertulia, el 22 de Enero del 2015, se identificarían con estas características. Hípsters, ¿De adonde carajos viene esta palabra? Un breve análisis lingüístico revela que la base de esta palabra es hip, algo que comparte con la palabra hippie.

Nuestros antecesores que durante la revolución psicodélica de los 60s, generaron el movimiento Bohémico y contra-cultural más significante de la historia Americana. Verdaderamente esa época fue el abono de un siglo de oro en la creación artística y la conciencia social Americana. Nuestro movimiento es una herencia de esto.

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La palabra ‘hip’ es: “atestiguada desde los 1900s en donde cuyo significado era ser ‘consciente’ o ‘en el saber.’ Al contrario, el antónimo unhip connota aquellos que no son conscientes de su entorno.

“Otra definición popular del termino hip, alega que el origen de esta palabra viene del oeste de África, en donde su significado era “abrir sus ojos”.

Malcolm X definió la palabra “hippy” en su autobiografía como un blanco que era más negro que los negros.

Los primeros hípsters fueron personas que adoraban la vida de los virtuosos bohémicos de jazz. Los viajes de estos artistas, de andar de barra a barra, de pueblo a pueblo, es el estilo de vida que deseamos emular. Es una vida pragmática, “peligrosa”, curiosa y con sustancia.

Viviendo y aprendiendo de un infinito influjo de experiencias y personas nuevas. Nuestros antepasados, los beatniks, eran conscientes de que la música verdadera se escondía en sitios particulares, hoy en dia La Tertulia es uno de estos refugios para nosotros.

El renacimiento del arte, nuestro periodo de oro, necesita surgir ahora. Necesitamos resucitar al Fénix revolucionario que anda encendido entre cenizas. ¿Como lo resucitaremos? Por medio de un sistema de conexiones entre duenõs, artistas, trabajadores, técnicos, y empresarios innovadores, todos unidos buscando el mismo fin: La evolución y establecimiento de un movimiento artístico en nuestra isla. Un arte hecho para provocar estados de conciencia elevados, reflexivos y críticos hacia el ser y la sociedad.

Si buscan, les llegara. Les llegara. Solo le doy gracias a todo, al saber que no estamos solos. ¡Brindemos! Al conocimiento, al crecimiento, la sabiduría y la vida. Para revivir nuestra cultura. ¡Brindemos, para que se repitan estos eventos musicales, brindemos por ustedes, brindemos por la verdad, brindemos por la vida!

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Escrito por Alan Valle Monagas, publicado el 16 de Octubre del 2015.

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